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¿Quién debe cambiar?

By : dolce-beat
Al pasar de los años -y luego de varias relaciones que terminaron en pleitos y no muy buenas condiciones- me pregunto: ¿qué será eso que tanto buscamos en una relación o en la compañía de otra persona?
Me viene a la mente el miedo a estar solos, lo cual trae como consecuencia el suponer que tememos a estar con nosotros mismo. Entonces, el sentido común diría que algo anda mal en lo que somos, si tanto tememos a nuestra propia presencia. ¿Cómo podemos pretender que otros no le teman a nuestra presencia si tu mismo no te soportas? Entonces, ¿qué será razón suficiente para cambiar? ¿Me sigues?
Escucho y leo a diario sobre las constantes quejas de hombres y mujeres en sus relaciones. Que si él no me da esto o aquello; que si a ella no hay como complacerla. La verdad, parece común odiarnos por las mismas prerrogativas. No importa la relación o con qué persona, al final todo llega a un punto donde casi no se soportan.
Entonces entra el arrepentimiento. Él se arrepiente de haber cambiado su vida de soltero por ella y de haber dejado la diversión con sus amigos y las reuniones en el putero, por la loca que pelea como boxeador profesional y que exige más que un gobierno en bancarrota. Ella, por su parte, se dedica a ver chick flicks, comer mantecado y hablarle a sus amigas o madre... corrección... llamar a sus amigas y madre para quejarse de lo poco que él coopera y lo mucho que la relación cambió desde que ya no recibe flores ni chocolates.
Está dicho... se jodió la cosa.
Ahora él se dedica a salir con sus amigos y revivir los años perdidos para sentirse joven y que aún le queda ese sex appeal que volvía locas a las estripers (jajaja, lo siento eso me causa mucha risa). Por el otro lado, ella furiosa espera a que él se vaya de parranda para meterse en su e-mail, hackear su cuenta de facebook -twitter, myspace, google+, skype y otras más- además de que pone el nombre de él en google para ver si lo coge creando otras cuentas secretas o tal cual; todo eso en la esperar a que él llegue lo suficientemente borracho para poder chekiar su celular sin que se de cuenta.
Y ahí está, luego de buscar en casi 7 diferentes tecnologías, se ha encontrado que en las 7 el habla y coquetea con otras mujeres.
Demás está decir lo que sucede luego de eso...
Ahora ella lo bota, el se va...luego de un tiempo el se arrepiente y regresa pidiendo perdón porque se ha dado cuenta que ella es la única mujer de su vida y que sin ella no puede vivir puesto que "nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde." Además todos esos tags que recibió en facebook ya los borró, blokió a par de mujeres y ya no le deja mensajes en el wall. Tampoco les da "like" en fotos sexys o en los estatus sugestivos.
Ella, luego de haber hablado pestes de él a sus amigas y de llorar noche y día (demás está decir que comentó en más de 20 fotos de tipos sexys en su facebook en menos de 5 minutos y añadió a par de caramelitos de su clase graduanda de highschool para terminar en cybersex); luego de haberse jartado todo el mantecado de la tienda de la esquina y salir a vomitar las 10 libras que aumentó en 2 días... le pide que para ella poder perdonarlo... EL DEBE CAMBIAR! El dice que siempre ha sido el mismo, que no comprende a qué ella se refiere -"Así me conociste mi amor y te enamoraste de mi siendo esta persona"-  la que debe cambiar la locura y paranoia es ella, porque cuando ellos se conocieron ella no estaba tan loca (a.k.a. psycho). En defensa de ella quiero aclarar que él sabía de ante mano lo loca que era, una que otra vez la cogió rayándole el carro y dejándole e-mails anónimos a toda mujer que le hablaba a él, pero el pensó que ella podía cambiar. De hecho, para no ponerlo a él como el malo de esta fábula, ésta no es la primera vez que ella le descubre amoríos y coqueteos con otras mujeres... el fue así desde antes de nacer y ella pensó que el amor que ella le brindaba lo haría cambiar.

Ahora bien, mi pregunta ante situaciones como esta (lo cual en mi sarcasmo quiero decir que son poco común, JA!)... ¿quién debe dar el cambio? ¿Por qué las mujeres se empeñan en tratar de meterse con hombres disfuncionales y luego tratar de cambiarlos? ¿Por qué los hombres se rehusan a cambiar por amor? ¿Será el amor una buena excusa para dejar de ser lo que fuiste que no será? ¿Por qué queremos cambiar a la gente? ¿Por qué nos sentimos en la obligación de cambiar? ¿Cuál es la conección entre los miedos y los cambios?
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Santa Cló va a la Cuchilla

By : dolce-beat



[Abro paréntesis] La Navidad del jíbaro puertorriqueño desde la perspectiva del (difunto y...) gran cuentista criollista, el Sr. Abelardo Díaz Alfaro. No debemos olvidar nuestras raíces, no debemos olvidar que ahora gozamos de algo que a nuestros antepasados fue impuesto y sufrido. De todos modos, celebremos aquello que nos han señalado como costumbres y tradiciones, entiéndase, "cultura." [Cierro paréntesis]





Santa Cló va a la Cuchilla
Por: Abelardo Díaz Alfaro

- Tremolando sobre una bambúa señalaba la escuelita de Peyo Mercé. La escuelita tenía dos salones separados por un largo tabique. En uno de esos salones enseñaba ahora un nuevo maestro: Mister Johnny Rosas.

Desde el lamentable incidente en que Peyo Mercé lo hizo quedar mal ante Mr. Juan Gymns, el supervisor creyó prudente nombrar otro maestro para el barrio La Cuchilla que enseñara a Peyo los nuevos métodos pedagógicos y llevara la luz del progreso al barrio en sombras.

Llamó a su oficina al joven y aprovechado maestro Johnny Rosas, recién graduado y que había pasado su temporadita en los Estados Unidos, y solemnemente le dijo:

"Oye, Johnny, te voy a mandar al barrio La Cuchilla para que lleves lo ultimo que aprendiste en pedagogía. Ese Peyo no sabe ni jota de eso; está como cuarenta años atrasado en esa materia. Trata de cambiar las costumbres y, sobre todo, debes enseñar mucho ingles, mucho inglés."

...Y el supervisor Johnny Rosas sacó al maestro Peyo Mercé de su ensoñación con estas palabras:

"Este año hará su debut en La Cuchilla Santa Claus. Eso de los Reyes está pasando de moda. Eso ya no se ve mucho por San Juan. Eso pertenece al pasado. Invitaré a Mr. Rogelio Escalera para la fiesta; eso le halagará mucho." Peyo se rascó la cabeza, y sin apasionamiento respondió:

"Allá tu como Juana con sus pollos. Yo como soy jíbaro y de aquí no he salido, eso de los Reyes lo llevo en el alma. Es que nosotros los jíbaros sabemos oler las cosas como olemos el bacalao."

Y se dio Johnny a preparar mediante unos proyectos el camino para la "Gala Premiere" de Santa Claus en La Cuchilla. Johnny mostró a sus discípulos una lámina en que aparecía Santa Claus deslizándose en un trineo tirado por unos renos. Y Peyo, que a la sazón se había detenido en el umbral de la puerta que dividía los salones, a su vez se imaginó otro cuadro: un jibaro jincho y viejo montado en una yagua arrastrada por unos cabros.

Y mister Rosas preguntó a los jibaritos: "¿Quién es este personaje?" Y Benito, "avispao" y "maleto" como el solo, le respondió: "Mistel, ese es año viejo colorao."

Y Johnny Rosas se admiró de la ignorancia de aquellos muchachitos y a la vez se indignó por el descuido de Peyo Mercé.

Llegó la noche de la Navidad. Se invitó a los padres del barrio.

Peyo en su salón hizo una fiestecita típica que quedó la mar de lucida. Unos jibaritos cantaban coplas y aguinaldos con acompañamiento de tiples y cuatros Y para finalizar aparecían los Reyes Magos, mientras el viejo trovador Simón versaba sobre "Ellos van y vienen, y nosotros no." Repartió arroz con dulce y bombones, y los muchachitos se intercambiaron "engañitos".

Y Peyo indicó a sus muchachos que pasarían al salón de Mr. Johnny Rosas, que les tenía una sorpresa, y hasta había invitado al supervisor Mr. Rogelio Escalera.

En medio del salón se veía un arbolito artificial de Navidad. De estante a estante colgaban unos cordones rojos. De las paredes pendían coronitas de hojas verdes y en el centro un fruto encarnado. En letras cubiertas de nieve se podía leer: "Merry Christmas". Todo estaba cubierto de escarcha.

Los compadres miraban atónitos todo aquello que no habían visto antes. Mister Rogelio Escalera se veía muy complacido.

Unos niños subieron a la improvisada plataforma y formaron un acróstico con el nombre de Santa Claus. Uno relató la vida de Noel y un coro de niños entonó "Jingle Bells", haciendo sonar unas campanitas. Y los padres se miraban unos a otros asombrados. Mister Rosas se ausentó un momento. Y el supervisor Rogelio Escalera habló a los padres y niños felicitando al barrio por tan bella fiestecita y por tener un maestro tan activo y progresista como lo era Mister Rosas.

Y Mister Escalera requirió de los concurrentes el más profundo silencio, porque pronto les iba a presentar a un extraño y misterioso personaje. Un corito inmediatamente rompió a cantar:

Santa Claus viene ya ... ¡Qué lento caminar! Tic, tac, tic, tac.

Y de pronto surgió en el umbral de la puerta la rojiblanca figura de Santa Claus con un enorme saco a cuestas, diciendo en voz cavernoso: "Here is Santa, Merry Christmas to you, all!"

Un grito de terror hizo estremecer el salón. Unos campesinos se tiraban por las ventanas, los niños más pequeños empezaron a llorar y se pegaban a las faldas de las comadres, que corrían en desbandada. Todos buscaban un medio de escape. Y Mister Rosas corrió tras ellos, para explicarles que él era quien se había vestido de tan extraña forma; pero entonces aumentaba el griterío y se hacía más agudo el pánico. Una vieja se persignó y dijo: "¡Conjurao sea! Si es el mesmo demonio jablando en americano!"

El supervisor hacía inúltiles esfuerzos por detener a la gente y clamaba desaforadamente: "No corran; no sean puertorriqueños batatitas. Santa Claus es un hombre humano y bueno."

A lo lejos se escuchaba el griterío de la gente en desbandada. Y mister Escalera, viendo que Peyo Mercé había permanecido indiferente y hiératico, vació todo su rencor en él y le increpó a voz en cuello: "Usted, Peyo Mercé, tiene la culpa de que en pleno siglo veinte se den en este barrio esas salvajadas."

Y Peyo, sin inmutarse, le contestó: "Mister Escalera, yo no tengo la culpa de que ese santito no esté en el santoral puertorriqueño."





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Feliz Día de Santa Clós... o algo.




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Grave equivocación: Historia de un amigo

By : dolce-beat
Era mi mejor amigo, él y yo, sólo uno. Desde el primer momento que lo vi me dije: "Debe ser para mí", sentí una conexión exquisita y me propuse conquistarlo.

Comenzamos un intercambio voraz y persistente; día tras día, a cada momento. Mas de ser un capricho, pasó a ser un ente especial e imprescindible. Se convirtió en mi mejor amigo, mi confidente, mi mano derecha, mi entusiasmo, mi alegría, mi consuelo, mi liberador de estrés, mi vida... todo.

En los primeros meses nos veíamos todo el tiempo, cada instante era mágico, puro placer. Intercambiamos hasta lo inimaginable, el siempre me escuchaba con entusiasmo y vehemencia; en innumerables situaciones fue mi gran y único consuelo. Siempre estaba para mí, en la noche o en el día, en la alegría o la tristeza, hasta bajo las condiciones climatológicas más pésimas.

Luego de un tiempo, dejé de buscarlo con tanta frecuencia, lo sustituí en ocasiones, pero no era lo mismo. A pesar que él lo sabía, siempre me siguió recibiendo con el mismo ahínco; no me rechazaba, no me juzgaba, siempre estuvo presente para mí.

Con el tiempo, entre la cotidianidad y el hastío, fui perdiendo contacto con el que era mi mejor amigo. Ya para ese entonces, el andaba muy raro; muchas veces intentó hablarme, mas yo empeñada en mis afanes no le escuché.


Un día, luego de muchísimo tiempo, necesitaba alguien a quien hablarle y en quien confiar. Mas mis ojos quedaron empañados en el asombro de escenario tal: ya todo era diferente, mi amigo había cambiado. En su rostro imperaba la falta de gracia, no existía la chispa que nos unía, su cuerpo yacía frío tumbado en el mismo lugar dónde lo dejé la última vez. Parecía una ópera maldita, un lustre embriagado en locura, una ironía palpable y tangible. Su cuerpo, ¡dios santo! su perfecto cuerpo quedó inmóvil por el abuso del entorno, por el frío y desmesurado egoísmo, por ser sólo un objeto que era utilizado para provocar placer y alegría, regalando sus energías en cada intento.

Al principio, mi pensamiento dudó lo ocurrido, su corazón era un marcapaso, intenté cambiarlo... pensaba que el motor de su vida era el responsable. Mas en el incesante asombro me dí cuenta que lo había herido, una vez más. Su rostro me confirmaba cada paso egoísta en su contra. Sin embargo, no era un desperfecto mecánico el que ya no daba ritmo, el que no dejaba sentir su vibra; fue el tormento del exceso de uso, de la traición, del sobre-esfuerzo. Todo lo llevó a un estado comatoso inexplicable y deprimente. Hoy por hoy después de un año en delicioso vínculo, mi corazón no acepta su muerte, guardo sus restos y le hablo al oído, cual si fuera a regresar del doloroso olvido. ¿Muerto? No del todo.

En la tarde siguiente, pasé a buscarlo. Si mi amigo yace muerto, mi cuerpo no podría soportarlo. Cabizbaja y en tono de luto me aproximé a lo que sentía se había ido, mas atónita quedé ante tal sorpresa, mi amigo no estaba muerto (por lo menos no del todo). Su ritmo en un total y desenfrenado letargo, como si fuese irrompible su inmóvil anatomía, pero aún conservaba su vida. Fue mi mayor consuelo, aún esta conmigo, aunque ha perdido parte de su chispeante personalidad, mas no importa pues aún me puede consolar. Su presencia me causa radical placer ¿Egoísta de mi parte? Quizás.


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