Posted by : Kiarytza Mendez 04 November 2012


El cuerpo de la mujer ha sido marginado, usado y maltratado por la injusticia social y moral del hombre. Hemos sido un transporte de penes, semen y bebés para sostener el poder social o para destruirlo… De una u otra manera hemos sido criadas a perder el respeto y valor de nuestros cuerpos para ser el encanto visual de algún mequetrefe en la esquina que nos quiera piropear. No hay perdón. El hombre ha programado nuestra sociedad como máquinas complejas, que paso a paso destruye el progreso a nuevas tecnologías. Somos el resultado de una violación moral, de una violación equitativa en una sociedad industrializada y con avances tecnológicos, donde nuestros cuerpos son una máquina más. Una máquina de belleza y adorno; de placer y alegría; de pecado y divinidad. Esperando ser utilizada de una buena vez,  alabamos a la mujer con el cuerpo esbelto y perfecto, condenamos a todo aquello que no goce de encantos que haga que los penes pierdan el control. De eso se trata. Nuestra sociedad ha sido banalizada y nuestros cuerpos no son otra cosa sino un vandalismo decoroso a la opulencia y egoísmo del hombre que ha controlado cada filo de nuestro universo.  Lamentablemente somos parte de una generación enfrascada en la apariencia e imagen bonita y nada más. Ya no existe motivos para llegar a relaciones con profundidad moral, intelectual, política, filosófica, psicológica… la superficialidad goza de las carnes para llegar al clímax y olvidar lo que pasó.  Nuestro cuerpo es un sostén a la frívola injusticia del pensar masculino. Nuestro cuerpo es el harén de penes que contentos vienen a descargar su frustración y luego se van. Nunca hemos sido apreciadas como iguales al hombre, sino una cosa más que se puede utilizar y luego tirar. ¡Follemos pues, con decoro y cuidado! No abusemos de nuestro cuerpo ni lo dejemos abusar.

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